El riesgo país argentino comenzó noviembre sin señales de una fuerte recuperación. Este lunes 2, el indicador elaborado por JP Morgan se ubicaba en 797 puntos básicos, de acuerdo con la pantalla de Rava Bursátil de las 163, manteniéndose cerca de la barrera de los 800 puntos que alcanzó a rozar al cierre de octubre. Cerca del mediodía el índice bajaba 7 puntos pero se mantiene en niveles máximos.

El dato refleja una situación que preocupa a los inversores: mientras el Gobierno intenta sostener la estabilidad cambiaria y acumular reservas, los bonos soberanos continúan bajo presión y el costo de financiamiento de la Argentina vuelve a alejarse del de otros mercados emergentes.

Durante octubre, el riesgo país registró un fuerte incremento, acompañado por caídas en los bonos soberanos en dólares y en las acciones argentinas que cotizan en Wall Street. El movimiento coincidió con un escenario internacional marcado por la aversión al riesgo, las tensiones geopolíticas y las dudas sobre las inversiones en inteligencia artificial.

Sin embargo, los factores externos no explican por completo el comportamiento de los activos locales. Las necesidades de financiamiento del Tesoro, la cercanía de las elecciones presidenciales de 2027 y los interrogantes sobre la continuidad del respaldo estadounidense también pesan sobre las decisiones de los inversores.

A estos factores se suma otro elemento menos inmediato, pero que puede resultar determinante: la desconfianza que la Argentina acumuló durante décadas de cambios en las reglas económicas y sucesivos incumplimientos financieros.

Argentina se desacopla de la región: el riesgo país subió seis veces más

La diferencia entre el comportamiento de los bonos argentinos y el resto de los mercados latinoamericanos se convirtió en una de las principales señales de alerta.

El economista Leo Anzalone, director de CEPEC, advierte que los inversores están asignando a la Argentina una prima de riesgo que excede ampliamente el deterioro de las condiciones financieras internacionales.

“En octubre, el riesgo país argentino subió alrededor de 140 puntos, frente a unos 23 puntos del promedio latinoamericano. Es decir, el deterioro local fue aproximadamente seis veces mayor”, explicó Anzalone.

Para el especialista, la diferencia responde a cuatro factores que se superponen: las dudas sobre la acumulación de reservas, las dificultades para recuperar el acceso al crédito internacional, la incertidumbre política de 2027 y la dependencia del respaldo financiero de Estados Unidos.

El primer punto es particularmente sensible. Aunque el Banco Central mantiene reservas internacionales brutas por USD 48.562 millones, los inversores siguen sin tener certezas sobre la disponibilidad efectiva de dólares para afrontar los compromisos de deuda del próximo año.

El segundo problema es la falta de acceso fluido al mercado internacional de crédito. Sin esa herramienta, el Gobierno debe buscar alternativas para refinanciar vencimientos o conseguir las divisas necesarias para cancelarlos.

“El equilibrio fiscal es un activo importante, pero el mercado todavía no tiene la misma confianza en la solvencia externa del país”, sostuvo Anzalone.

El economista recordó que el propio Fondo Monetario Internacional condiciona la mejora de la capacidad de pago de la Argentina al fortalecimiento de las reservas y a la recuperación de un acceso sostenible al financiamiento internacional.

La distinción resulta central para entender el comportamiento de los bonos: el mercado reconoce los esfuerzos por mantener ordenadas las cuentas fiscales, pero todavía exige mayores garantías sobre la disponibilidad futura de dólares.

En esa misma línea, el último informe de Max Capital señaló que los spreads de la deuda argentina frente a los de países comparables se ampliaron 94 puntos básicos durante la última semana, al pasar de 274 a 368 puntos.

El dato refleja que la presión no responde únicamente al mal clima internacional. Los inversores están exigiendo una compensación adicional para mantener deuda argentina, incluso frente a otros emisores emergentes.

Mariano Sardáns: “Argentina lleva 80 años cambiando las reglas de juego”

En tanto, para Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, la explicación de por qué el riesgo país argentino se mantiene tan por encima del resto de América Latina no se limita a las variables económicas actuales. El problema, sostiene, es una historia de incumplimientos que terminó deteriorando la confianza de los propios argentinos en su moneda y en las instituciones financieras.

“Argentina ha tenido la costumbre en los últimos 80 años de cambiar las reglas de juego, no solamente para los negocios de las empresas y los inversores del exterior, sino que ha ido al extremo de destruir constantemente los ahorros de sus ciudadanos”, afirmó.

Sardáns identifica dos mecanismos recurrentes: la pérdida de poder adquisitivo de los depósitos por tasas de interés inferiores a la inflación y las decisiones estatales que afectaron la disponibilidad de los ahorros, como el Plan Bonex y el corralito.

A su entender, estas experiencias ayudan a explicar por qué los argentinos continúan buscando refugio en el dólar incluso cuando las condiciones monetarias se vuelven más restrictivas.

El especialista compara esa conducta con lo que ocurre en economías vecinas, como Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Perú, donde las monedas locales tienen una presencia mucho mayor en las decisiones de ahorro de los hogares.

“La clave para que la gente se quede en su moneda es justamente que el dinero conserve el poder adquisitivo“, sostuvo.

Según Sardáns, durante largos períodos la Argentina mantuvo tasas de interés que no compensaban la inflación, lo que perjudicó a los ahorristas y, al mismo tiempo, permitió que determinadas empresas accedieran a financiamiento subsidiado cuyo valor real se reducía con el paso del tiempo.

El ejecutivo cuestiona especialmente esa transferencia de recursos desde los depositantes hacia quienes obtenían préstamos a tasas reales negativas.

También recordó los sucesivos defaults y las restricciones cambiarias como antecedentes que continúan influyendo en la percepción de riesgo del país.

Para Sardáns, el problema no se agota en la reacción de los grandes fondos internacionales. La desconfianza también está instalada entre los propios ciudadanos.

“Ante la incertidumbre, la gente compra dólares y no compra bonos argentinos”, sintetizó.