LA GACETA – ARGENTINA: Mariano Sardáns: “El oro no es inversión, sino especulación, como el Bitcoin”

Fecha: 2 de febrero, 2026

LA GACETA – ARGENTINA: Mariano Sardáns: “El oro no es inversión, sino especulación, como el Bitcoin”

El tornado de cola venía en favor de la Argentina. Alta volatilidad internacional, suba del oro y debilitamiento del dólar señales claras marcan el clima económico global. Pero ese clima tiende a cambiar. Son tiempos de “Sell America Trade”, una tendencia de inversión del año anterior, en la que los inversores reducen su exposición a activos estadounidenses, incluyendo el dólar, acciones y bonos, debido a la incertidumbre generada por posibles aranceles y políticas comerciales de la administración de Donald Trump. En otros términos, “es vender Estados Unidos y comprar el resto del mundo”, señala a LA GACETA Mariano Sardáns, CEO de FDI Gerenciadora de Patrimonios. En una entrevista telefónica concedida a nuestro diario, el ingeniero industrial perfeccionado en la Universidad de Berkeley advierte sobre los riesgos de apostar al dólar y no diversificar carteras.

-¿Qué se puede decir de la apreciación que tuvieron los metales preciosos durante 2025?

-El escenario es cambiante. En los últimos meses, el dólar volvió a posicionarse donde tiene que estar y hay que ver cómo reacciona el mercado ante la designación de Kevin Warsh en la Reserva Federal. Lo primero que se vio en los días pasado fue que el oro y la plata cayeron, como también las acciones y algunas monedas. Justo en este período tuve un encuentro con un cliente que, en su portafolio tenía 70% en oro y en plata, cuando lo que se sugiere es contar con un 4% y un 5%. Le sugerí que se prepare para una posible caída porque es imposible sacarle el valor intrínseco del oro. ¿Su reacción ante el escenario? Vendan, vendan. Y eso es claro. Los inversores grandes institucionales tienen un 6% en metales preciosos. Los árboles no crecen hasta el cielo. Se vio una caída del 15% en promedio; tal vez se recupere, pero hay demasiado riesgo en aquellos que piensan que no hay que perder las oportunidades.

-¿Qué tan parecido es el riesgo del valor del oro a la de la cotización del Bitcoin, por ejemplo?

– Es imposible calcular el valor intrínseco del oro. No genera dividendos, interés ni renta. Entonces, ¿cómo le sacas el valor del oro? No hay manera; es un vehículo especulativo, porque no genera nada. Mas allá de que los bancos centrales tienen posiciones en oro, éstas son conservadoras. No es que tiene todo en oro, sino más bien en bonos del Tesoro de EEUU o cruce de monedas con otros países. No es una inversión; es una especulación como el Bitcoin. La diferencia es que al oro, al menos, lo podes intercambiar por algo, en aquel pensamiento de que podría generar alguna renta en algún momento. Pero fijate que, después de que Paul Volcker, como presidente de la Reserva Federal (Fed) subiera la tasa de interés en 1982, el derrumbe del oro ha arrastrado cuatro décadas. Hoy no sabemos cuál será la política monetaria estadounidense. Nunca apostaría contra la FED. Entonces, digo, prefiero colocar en bonos y acciones, no en oro. La debilidad del dólar fue lo que disparó su valor, pero también lo que denominamos “efecto rebaño”, donde se vio a todo el mundo colocando tenencias en oro. Es una carta más, pero no debe representar más allá del 3% o el 4% de las tenencias. Si observas el comportamiento general en el mercado, vas a poder apreciar que entre el 20% y el 25% de los inversores coloca su capital en bonos y en acciones; subieron tal vez menos que los metales preciosos, pero el riesgo es más acotado. Hay que diversificar. En las acciones se puede establecer si están baratas o caras; en el oro eso es casi imposible. Es un tema de oferta y demanda; no hay algo atrás que lo apuntale. En suma, el oro no es inversión; es una especulación directa.

-Sin embargo, el valor de ese metal precioso apreció las reservas internacionales del Banco Central de la Argentina…

-El Banco Central tenía la posibilidad de continuar en esa senda de aumento de sus reservas por apreciación del oro, una de sus tenencias. Pero ese escenario era hasta el jueves. De todas maneras, tendrá que seguir comprando divisas para fortalecer las reservas. Venías de un dólar débil y un escenario interno en el que se liquidaban esas divisas por pesos. El “blue” cayó en ese contexto. No hay pesos porque ha crecido la demanda. El argentino está quedando en pesos.

-¿Cómo se analiza, en el exterior, la administración de la economía por parte de la gestión presidencial de Javier Milei?

-Para hacer un análisis de esa naturaleza, hay que dejar de lado la ideología. Para los mercados internacionales, Javier Milei es un Elon Musk en pequeña escala. Parece un rockstar en su forma de ser, igual que el CEO de Tesla. Tienen la misma forma de actuar, de hablar, de mirar y hasta de vestirse. Hay clientes en el exterior que dicen “este tipo está obsesionado en sacar a la Argentina adelante cueste lo que cueste y duela lo que duela”. Para el mundo del dinero, eso es una buena noticia, como también lo es que Argentina se apalanque en un superávit financiero y, en ese aspecto, se encuentre en un selecto grupo de países que han alcanzado esa meta. De allí la observación internacional sobre la Argentina porque el resto del mundo muestra un superávit primario en sus cuentas, antes de pagar la carga de intereses de sus deudas. De todas maneras, la Argentina carga con 80 años de una suerte de prontuario delictivo embistiendo contra los ahorristas, expropiándole el capital en base a una elevada inflación y con herramientas como el corralito, el corralón y hasta con el dinero de las AFJP. Ha sido un largo proceso que ahora parece que tiende a cambiar. Tener superávit financiero es una historia que la Argentina nunca conoció. Es hasta una cosa nueva para el mundo en el que EEUU tiene deudas por 39 trillones de dólares, viendo cómo está la Unión Europea y los países desarrollados. Por eso Milei, con su quijotada, está en el radar de los líderes globales. Y seguirá en esa senda porque, como postula Mirtha Legrand, la gente se renueva. No es lo mismo una persona mayor a 40 años que viene observando cómo le metieron la mano en el bolsillo durante varias crisis que otro, más joven, que no vivió esa historia, salvo por los relatos de un padre o de sus abuelos.

Fuente: La Gaceta

 

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