El recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y el riesgo de interrupciones en el Estrecho de Ormuz han vuelto a encender las alertas en los mercados energéticos globales. El estrecho, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial, es uno de los puntos más sensibles del comercio energético. Un cierre prolongado podría provocar un nuevo shock en los precios del crudo y extender sus efectos a industrias que, a primera vista, parecen lejanas del petróleo, como la tecnología.
La cadena global de semiconductores es una de ellas. La fabricación de chips depende de electricidad abundante, insumos químicos derivados del petróleo y complejas redes logísticas internacionales. Por ello, un aumento sostenido de los precios de la energía puede trasladarse desde el Golfo Pérsico hasta las fábricas de chips en Asia y Estados Unidos.
En entrevistas exclusivas con ALTO NIVEL, Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, y Fernando Suárez, senior portfolio manager de Fintual, explican cómo un shock petrolero podría presionar tanto los costos de producción como las valuaciones de algunas de las empresas tecnológicas más importantes del mundo.
La magnitud del shock energético
Para Sardáns, el riesgo energético asociado al Estrecho de Ormuz es significativo por el volumen de petróleo que circula por esa vía.
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz representaría uno de los mayores shocks de oferta energética desde los años setenta”, señala.
Cabe recordar que durante la guerra de Guerra de Yom Kippur en 1973, los países árabes productores de petróleo, liderados por la OPEP, impusieron un embargo contra Estados Unidos y otras naciones que apoyaban a Israel. Esto provocó un shock de oferta sin precedentes: el precio del crudo se cuadruplicó en pocos meses, pasando de alrededor de 3 a casi 12 dólares por barril.
Según explica Sardáns, por el Estrecho de Ormuz circula una porción sustancial del petróleo mundial y una parte relevante del gas natural licuado que abastece a Asia.
Un escenario de interrupción prolongada podría retirar del mercado entre 16 y 20 millones de barriles diarios, incluso considerando rutas alternativas y el uso de reservas estratégicas. En ese contexto, los precios del crudo podrían reaccionar rápidamente.
“Algunos cálculos de mercado apuntan a un aumento inmediato de entre 10 y 15 dólares por barril. En escenarios más extremos, el Brent podría acercarse a los 140 dólares”, explica Sardáns.
Sin embargo, la brecha de competitividad energética de Estados Unidos implica un diferencial de precios del WTI frente al Brent. Asimismo, el shale gas estadounidense es una ventaja competitiva para las plantas de Intel en Ohio o Arizona frente a Taiwán.
Actualmente, los precios del crudo operan cerca de 100 dólares. Esto frente a la expectativa de que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo de alto al fuego. Por ahora, Trump ha otorgado una pausa en las agresiones hasta el 6 de abril.
Fuente: Alto Nivel
