Las elecciones presidenciales de 2027 todavía están a un año de distancia, pero el mercado financiero ya comenzó a ponerle precio a la incertidumbre política. La señal más evidente aparece en los bonos soberanos en dólares: los títulos que vencen antes de los comicios muestran rendimientos sensiblemente inferiores a los que extienden sus pagos más allá del actual mandato de Javier Milei. La diferencia, que en algunos casos supera los siete puntos porcentuales, refleja el costo que los inversores asignan al riesgo de atravesar un nuevo ciclo electoral en la Argentina.

El ejemplo más contundente es el de dos bonos separados por apenas doce meses y lo trae a colación Mariano Sardans de FDI. El AO27, que vence en octubre de 2027, ofrece una tasa de retorno anual cercana al 2,8%, mientras que el AO28, cuyo vencimiento opera en octubre de 2028, rinde alrededor del 10% en dólares. En otras palabras, el mercado exige más de tres veces el rendimiento para mantener deuda argentina un año adicional, cuando ya se habrá producido el recambio presidencial.

“El ejemplo más absurdo del período post Milei, de la incertidumbre, es que el bono AO27, que vence en octubre de 2027, rinde 2,8% y hay un bono que vence un año después, en 2028, que rinde 10%”, señaló Sardans, CEO y fundador de la gerenciadora de patrimonios FDI.

Para el especialista, esa diferencia refleja la desconfianza que existe sobre la continuidad de las políticas económicas después de diciembre de 2027. No se trata necesariamente de una expectativa de incumplimiento inmediato, sino de la prima adicional que reclaman los inversores ante la posibilidad de cambios en las prioridades fiscales y financieras del próximo gobierno.

La incertidumbre aparece en momentos en que el riesgo país argentino volvió a ubicarse en 622 puntos básicos, después de varias ruedas de presión sobre los títulos soberanos. El indicador elaborado por JP Morgan sigue siendo una referencia central para evaluar cuánto le costaría al Tesoro regresar a los mercados internacionales de deuda.

El riesgo electoral ya se refleja en los bonos argentinos

En tanto, Soledad López, gerente de Rava Bursátil, coincidió en que la curva de rendimientos muestra una diferencia significativa entre los vencimientos anteriores y posteriores a las elecciones.

“La curva de bonos soberanos marca un claro escenario de incertidumbre electoral. Mientras los bonos cortos con vencimiento previo a las elecciones, como un AO27, rinden 3% anual en dólares, el bono AO28, con vencimiento en 2028, rinde en torno al 10%”, explicó.

Según la analista, esas diferencias reflejan las dudas que tienen los inversores sobre la continuidad del programa económico y sobre la capacidad del país para administrar los compromisos que deberá afrontar después de las presidenciales.

Sin embargo, la consecuencia no se limita a las cotizaciones de los bonos. Las tasas que exige el mercado también condicionan una de las principales necesidades financieras del Gobierno: recuperar el acceso al crédito internacional para refinanciar vencimientos y evitar que todos los pagos deban afrontarse con recursos propios.

“El hecho de tener rendimientos superiores al 10% limita las capacidades del Gobierno de salir a colocar deuda y conseguir dólares por este medio, tal como estaba pautado en la hoja de ruta de financiamiento 2026 y 2027″, advirtió López.

Ese es uno de los principales problemas que plantea el escenario actual. Aunque el equipo económico sostiene como prioridad el cumplimiento de las obligaciones y el equilibrio fiscal, la persistencia de tasas de dos dígitos en dólares dificulta la posibilidad de emitir nueva deuda en condiciones sostenibles.

Además, no toda la diferencia entre los bonos se explica exclusivamente por las elecciones. La estructura de amortizaciones, la liquidez de cada título y el mayor plazo de exposición también influyen sobre las tasas. Sin embargo, los analistas consultados coinciden en que el calendario político representa un componente importante de la prima de riesgo.

¿Capacidad de pago o voluntad de pago? La duda que instala 2027

Por su parte, Gustavo Gardey, especialista en mercado de capitales y CEO de Bull Road Investments, también identificó una marcada diferencia entre los rendimientos de los bonos de corto plazo y aquellos que extienden sus vencimientos más allá de 2027.

“Si yo me voy a un bono con rendimiento en dólares que vence en 2027, estoy pensando en rendimientos en torno al 4% o 5%. Ahora, si ya quiero pasar de 2027, me quiero ir hacia 2028 o en adelante, empiezo a ver rendimientos, por ejemplo, del 12,88% en dólares para 2028 y del 12,05% para 2029”, detalló.

Los rendimientos mencionados por los distintos especialistas corresponden a referencias de mercado y títulos que no necesariamente presentan las mismas condiciones financieras, aunque todos coinciden en señalar una mayor exigencia de rentabilidad para los plazos posteriores a las elecciones.

Gardey planteó que la diferencia responde a una preocupación que excede la capacidad económica inmediata del país para pagar sus compromisos.

“¿Qué nos está diciendo esto? Que la Argentina tiene capacidad de pago de corto plazo para hacer frente a sus obligaciones, pero que frente a un cambio de signo político puede ser que, más allá de la capacidad de pago, haya un quebranto en la voluntad de pago de la Argentina hacia adelante”, señaló.

La distinción es importante. La capacidad de pago depende de los recursos fiscales, las reservas, los ingresos de divisas y las posibilidades de refinanciamiento. La voluntad de pago, en cambio, está vinculada con las decisiones políticas respecto de cómo utilizar esos recursos.

“Eso es lo que teme el mercado: que un cambio de signo político genere que poner como prioridad el pago de las obligaciones y hacer todos los esfuerzos posibles para cumplir con ellas termine quedando de lado y pase a ser un objetivo secundario frente a otras cuestiones”, agregó Gardey.

De todos modos, las tasas de los bonos no anticipan por sí mismas un cambio de gobierno ni un eventual incumplimiento. Reflejan los riesgos que los inversores incorporan hoy a sus valuaciones, en un escenario en el que todavía falta un año para conocer el resultado electoral.

El riesgo país y la dificultad de volver a los mercados de deuda

Andrés Azicri, presidente y CIO de Vector Investments, incorporó otra dimensión al análisis: qué nivel de riesgo de incumplimiento está implícito en los precios actuales de los bonos argentinos.

“Los actuales spreads de los bonos en dólares ley Nueva York, lo que en promedio conocemos como riesgo país, están asignando a la Argentina una probabilidad de default acumulada de arriba del 50% en los próximos diez años”, sostuvo.

Se trata de una estimación implícita en las cotizaciones, que depende de supuestos financieros como la recuperación de capital en caso de incumplimiento, y no de una probabilidad observable ni de una predicción de que el país efectivamente dejará de pagar.

Para Azicri, esa prima de riesgo incorpora tanto la incertidumbre electoral como factores vinculados con el clima político y económico.

“Lo atribuyo tanto al deterioro de la imagen del Gobierno como a ciertos discursos ambiguos o confrontativos de sectores de la oposición, que contribuyen a generar incertidumbre y afectan la estabilidad de la demanda de dinero”, explicó.

El ejecutivo advirtió a PERFIL que una dinámica de inestabilidad financiera podría traducirse en mayores tasas de interés, menor disponibilidad de crédito y un deterioro de la actividad económica.

En ese escenario, la suba de los rendimientos soberanos terminaría alejando nuevamente a la Argentina de los mercados voluntarios de deuda, al menos hasta que se estabilicen las expectativas.

Azicri también consideró que una comunicación más clara de las propuestas económicas, tanto del oficialismo como de la oposición, podría ayudar a reducir la incertidumbre que hoy incorporan los precios de los activos.

El riesgo electoral, además, no aparece aislado del escenario internacional. López advirtió que el encarecimiento del petróleo, las presiones inflacionarias en Estados Unidos y las tasas de interés elevadas representan dificultades adicionales para los países emergentes.

“Un riesgo país que se consolida por encima de los 550 puntos marca un escenario mínimamente desafiante para el Gobierno de cara a 2027. No solo el tiempo empieza a jugar en contra y la presión aumenta, sino que nos encontramos frente a un escenario internacional muy complejo”, sostuvo.

Las acciones argentinas también empiezan a sentir el riesgo político

La incertidumbre que aparece en los bonos también condiciona las decisiones sobre las acciones argentinas. Y, según Gardey, puede hacerlo incluso cuando las compañías presentan valuaciones atractivas y perspectivas favorables para sus negocios.

“Yo soy siempre comprador de acciones locales porque tienen mucho potencial de crecimiento. Están subvaluadas en prácticamente todos los fundamentos y análisis que puedas hacer. Sin embargo, hoy no tengo acciones en Argentina“, afirmó.

El motivo, explicó, es la volatilidad que espera para el próximo año electoral.

“No es momento de someterte a esta volatilidad, que es la que vamos a estar viendo todo el año que viene”, sostuvo.

Para explicar los riesgos, el especialista recordó la experiencia de 2019, cuando el resultado de las elecciones primarias provocó un desplome de los activos argentinos, con caídas superiores al 50% en dólares en determinadas acciones durante una sola jornada.

Sin embargo, consideró que el escenario actual presenta diferencias importantes respecto de aquel momento. Principalmente, una menor participación de inversores internacionales con posiciones significativas en activos locales, lo que podría moderar la magnitud de las oscilaciones.

“Hoy no las hay, por ende, la volatilidad va a ser muchísimo menor en 2027 de lo que fue en 2019, pero, sin embargo, nos vamos a ver frente a una volatilidad muy alta”, anticipó Gardey.

Desde Rava, López también observó un cambio en las estrategias de los inversores locales. Según explicó, el crecimiento de los volúmenes operados en CEDEARs muestra una mayor búsqueda de diversificación hacia activos internacionales.

“Serán meses de mucha volatilidad tanto en la renta fija local como en la renta fija extranjera. La diversificación será clave para el inversor de cara a las elecciones de 2027”, sostuvo.

La cuestión de fondo es que el mercado financiero ya comenzó a separar los riesgos de corto plazo de aquellos vinculados con el próximo mandato presidencial. Mientras el Gobierno intenta consolidar el resultado fiscal y recuperar el acceso al financiamiento externo, los inversores exigen tasas considerablemente mayores para extender sus posiciones más allá de las elecciones.

Con el riesgo país en 622 puntos básicos y los bonos posteriores a 2027 ofreciendo rendimientos de dos dígitos, la incertidumbre política ya tiene un costo financiero concreto. Para el equipo económico, reducir esa prima será uno de los desafíos de los próximos meses, especialmente si pretende regresar al mercado voluntario de deuda antes de que comience formalmente la campaña presidencial.