La firma del memorándum de entendimiento (MOU) entre Estados Unidos e Irán ayudó a moderar el riesgo de una interrupción prolongada en la oferta mundial de petróleo. Sin embargo, las tensiones en Medio Oriente siguen presentes y el mercado continúa atento a cualquier cambio que pueda alterar ese escenario.

En este contexto, el petróleo sigue siendo la variable que ordena el tablero financiero global. Si la situación en el Estrecho de Ormuz continúa estabilizándose y el crudo se mantiene en torno a los 70 dólares por barril, buena parte de la presión inflacionaria que mantuvo en vilo a los mercados debería empezar a disiparse.

El siguiente paso sería una baja de las expectativas de inflación y, en consecuencia, del rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años. Si esa tasa baja, también disminuye el costo de financiamiento de los bonos emitidos en dólares. En otras palabras, gobiernos y empresas podrían financiarse a tasas más bajas en esa moneda.

Si el petróleo sigue bajando, bajan las expectativas de inflación, disminuye el costo de financiamiento en dólares y suben los bonos. Todo lo que subió, baja. Todo lo que bajó, sube.

Y, de hecho, ese proceso ya comenzó. En las últimas semanas el crudo profundizó su retroceso, en línea con la recuperación de los flujos a través del Estrecho de Ormuz -que ya superan los 10 millones de barriles diarios- y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre las exportaciones iraníes. Es la confirmación, en los hechos, de una dinámica que veníamos anticipando.

Las tasas, por su parte, empiezan a acompañar, aunque todavía con menos fuerza de la esperada. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años se ubicó en 4,36% a fines de junio, retrocediendo respecto al mes anterior. Sin embargo, todavía está lejos del 4% que sería el nivel consistente con este escenario.

Hay un matiz que no puede ignorarse: parte del mercado también empezó a incorporar la posibilidad de nuevas subas de tasas por parte de la Reserva Federal este año, con una probabilidad creciente de un primer movimiento en septiembre. Es la otra cara de la moneda: mientras el frente energético empuja hacia una menor presión inflacionaria, la política monetaria todavía no da señales tan claras de acompañar ese proceso.

Esa tensión -entre lo que anticipa el mercado del petróleo y lo que finalmente haga la Reserva Federal- será determinante para la evolución de la renta fija en dólares durante los próximos meses.

Fuente: Revista Empresarial & Laboral