Como gerenciadores de activos fee-only, nuestra prioridad número uno es cuidar hasta el último centavo de los costos que pagan nuestros clientes. Por eso, cuando nos consultan sobre las letras estructuradas o notas estructuradas, solemos ser bastante directos: no las recomendamos.
Entendemos su atractivo inicial. Parecen un producto inteligente: ofrecen protección parcial o total del capital, exposición a un activo subyacente -que puede ser un índice, una acción individual, una canasta de acciones u otros- y la posibilidad de obtener un rendimiento superior al de la renta fija tradicional.
Sin embargo, al analizarlas en detalle, surgen varios problemas importantes.
Los costos implícitos en las mismas suelen ser altos y poco transparentes, comiéndose fácilmente entre 2 y 3 puntos de rendimiento anual. Los caps (topes) limitan fuertemente el upside (ganancia máxima posible), dejando afuera gran parte de las subas fuertes del mercado. La liquidez es prácticamente inexistente: si el cliente necesita vender antes del vencimiento, suele hacerlo con una pérdida significativa o directamente no encuentra comprador.
El riesgo del emisor es otro punto que muchos subestiman. El caso más conocido es Lehman Brothers en 2008, donde miles de inversores perdieron prácticamente todo a pesar de que el derivado hubiera funcionado. Más recientemente, la crisis de Credit Suisse en 2023 volvió a poner en evidencia este riesgo, incluso en bancos grandes y tradicionales.
Además, son productos complejos donde se pierden los dividendos del subyacente y las condiciones de protección suelen tener barreras que las vuelven menos efectivas de lo que aparentan.
La alternativa que sí tiene sentido.
Una nota estructurada es básicamente un bono cupón cero más un derivado sobre acciones o una canasta de acciones. Aunque el inversor ve principalmente la referencia a las acciones, el instrumento completo se comporta como renta fija porque el bono cupón cero es el que garantiza el pago del capital al vencimiento.
Por eso, si uno quiere combinar renta fija con exposición a acciones -con protección o tope-, suele ser mucho más barato estructurarlo por separado en lugar de comprarlo todo empaquetado en una sola nota. De esta manera evitamos los costos ocultos, eliminamos topes innecesarios, mantenemos liquidez y tenemos control total sobre la estrategia.
¿A quién sí le conviene?
Las letras estructuradas son un excelente negocio… para la entidad financiera que las emite y el asesor que las vende. Para el inversor, casi siempre existe una versión más limpia, barata y transparente.
Espero te sirva.
Mariano Sardáns
CEO de FDI
Servicio relacionado: Gerenciamiento de activos financieros