Vender basura, cobrar bono, mirar para otro lado.

Lo que ‘Margin Call’ mostró sobre los conflictos de interés en Wall Street -y que se repite todos los días.

Un banco de inversión descubre de noche que la cartera de hipotecas que tiene en el balance ya no vale nada. Están, técnicamente, quebrados. La solución que elige la cúpula no es asumir la pérdida: es vender toda esa cartera tóxica al día siguiente, antes de que el resto del mercado se entere.

El jefe de piso les da la orden a sus traders con una frase que lo dice todo: si hace falta, que se lo vendan a su propia madre.

La película nunca nombra al banco. Es ficticio a propósito -el director, J.C. Chandor, dijo que quiso que fuera una mirada conceptual, no la acusación a una sola firma. Pero las señales apuntan casi todas al mismo lugar: la escribió en los días posteriores a la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008 -la más grande de la historia de EE.UU.-, y el CEO del banco en la ficción se llama John Tuld, una combinación fonética entre Dick Fuld (CEO real de Lehman) y John Thain (CEO de Merrill Lynch, rescatado por Bank of America esos mismos días). El propio guión circuló en Hollywood con el título “las últimas 24 horas de Lehman Brothers”. Así que, aunque técnicamente es una firma inventada, todo el mundo la lee como Lehman con capas de Bear Stearns y Merrill Lynch encima: los tres bancos que no llegaron vivos al invierno de 2008.

Y ahí está el punto que sirve para el mundo real, más allá de la anécdota histórica. La orden de Sam Rogers no es “mientan sobre el producto”. Es más sutil y por eso es peor: es “vendan lo que ya saben que no vale nada, a quien sea, porque hoy el trabajo de ustedes es vender, no cuidar a quien les compra“.

Sí, ya lo estás pensando: cuando ganar vale más que el cliente.

Esa frase es la versión extrema y honesta de algo que pasa todos los días, a mucha menor escala, en cualquier banco o asesoría que cobra por colocar productos: cuando el ingreso del asesor depende de la venta y no del resultado del cliente, en algún momento esos dos intereses van a chocar. Y cuando chocan, SIEMPRE gana el que paga el sueldo, no el que pone la plata.

Hay una pregunta que separa a un asesor de un vendedor, y que nadie hace: ¿le recomendarías esto mismo a tu propia madre, si no cobraras nada por recomendarlo?

En la película esa pregunta para el “asesor” tiene una sola respuesta posible, porque hay un jefe, un bono y un reloj corriendo antes de que abra el mercado.

En la vida real nadie obliga al asesor a nada, lo cual es peor: significa que cada vez que un asesor elige el producto que más le pagan a él por sobre el que más te conviene a vos, no lo hace bajo presión de Wall Street en llamas. Lo está haciendo un martes cualquiera, porque el sistema se lo permite y nadie se lo pregunta.

Hizo falta que el mundo financiero colapsara para que existiera esta escena. Pero no era necesario. Todos los días, en algún escritorio, alguien decide si te trata como cliente o como una transacción más para ganar dinero.

Ahí adentro no hay reglas que valgan más que la comisión del día: ES UN VALE TODO.


Espero te sirva.

Mariano Sardáns

CEO de FDI

Conocer más acerca de nuestra Filosofía.

Scroll to top