Demandas millonarias a bancos suizos

Aprovecho este artículo publicado por el diario La Nación de Argentina en referencia a los bancos suizos, para compartir unas reflexiones que creo te pueden servir. 

Cuando me inicié gerenciando activos financieros hace 21 años en los EEUU, tuve que elegir entre el modelo suizo, el modelo estadounidense o el nuevo modelo. 

El primero consistía en un VALE TODO. Se trataba de un sistema con regulaciones muy laxas, con casi ningún control sobre los bancos y los asesores. Estos a su vez aprovechaban el misticismo del secreto bancario suizo, de una manera “muy especial” frente a sus clientes con fondos no declarados en sus países de residencia y con eso podían operar con su patrimonio con beneficios compartidos, algo para el cliente y “algo más” para bancos y asesores. La excusa era “vos no preguntes demasiado, nosotros nos quedamos callados”. 

Esto funcionó como un “reloj suizo” hasta que aparecieron los blanqueos y los inversores aprovecharon para acogerse. Desde ese momento los inversores comenzaron a indagar, a cuestionar y los suizos no tuvieron otra alternativa que mutar al modelo estadounidense. Este cambio trajo consecuencias, como las demandas legales que están recibiendo de parte de muchos ex-clientes alrededor del mundo, y lo explica el artículo que te adjunto debajo de esta nota. 

El modelo estadounidense siempre fue bastante más transparente, pero se aprovecha del desconocimiento y la falta de educación financiera del cliente. Es una especie de, “si no me pregunta, no tengo porque decírselo”. Es un sistema donde coexisten un sinnúmero de costos y comisiones, donde la gran “vedette” o la gran “tajada” son los precios a los que los clientes compran y venden títulos: cuánto más exótico es el título, mayor es la manipulación de los precios. Aclaremos que hoy en día cuando hablamos de exótico, incluimos también a los bonos soberanos, provinciales/estaduales y/o de empresas de países emergentes. Cuánto más se le cobra al cliente, más ingresos reciben y se reparten la institución financiera y el “asesor”. Es decir, un claro conflicto de interés. 

El nuevo modelo, el cual no es tan nuevo, pone las cuentas claras. “Yo asesor, te cobro a vos, inversor, este honorario. Y es todo lo que cobro, y acá lo ratifico registrándome en los EE.UU(país que me somete a mayores reglas de transparencia) y dejándolo en claro. Y como vos sos quien me paga, te sugiero -no te impongo- usar esta institución financiera, cuyo cliente vas a ser vos. Y vos como cliente, me vas a autorizar a mí, tu asesor, a gerenciar tu cuenta. Y yo, asesor, por eso no cobro comisiones del banco. Solo cobro lo que vos me pagas, el honorario acordado”. En definitiva, el cliente contrata a la institución financiera y al asesor de forma separada. Y no existe relación comercial entre estos dos. ¿El resultado? Intereses alineados entre el asesor y el inversor -total transparencia-. Los activos, siempre a nombre del cliente y nunca del asesor. 

Este último es el modelo con el que se maneja FDI hace 21 años. Las cuentas siempre tienen que ser claras. 

Espero te sirva. 

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Mariano Sardáns
CEO de FDI
Gerenciadora de Patrimonios

 

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